Asistí con mi familia a la manifestación convocada por Mujeres Caballas. Me hice una camiseta con un mensaje sencillo, pero cargado de significado: «Fuerza Ceuta». Mi marido, que lleva Ceuta en el corazón, y nuestro pequeño, ondeando la bandera de la ciudad, me recordaron que hay causas que van mucho más allá de cualquier debate político.**
Hay días en los que una fotografía explica más que mil palabras. Una madre caminando entre una multitud, una familia unida, una bandera que se levanta por encima de las cabezas y un niño pequeño que la ondea sin conocer todavía todo lo que representa. Para mí, las imágenes de este domingo 25 de octubre en Madrid tienen precisamente ese significado.
Hoy he asistido, junto a mi familia y amigos, a la manifestación convocada por Mujeres Caballas para reclamar que Ceuta recupere la normalidad, la seguridad y la tranquilidad que tantos de sus vecinos sienten que han perdido.
Me hice una camiseta que decía «Fuerza Ceuta». No necesitaba mucho más. A veces, las palabras más sencillas son las que mejor expresan lo que una lleva dentro.

un solo lema Ceuta no se vende
Pero para entender por qué hoy estábamos allí hay que volver a finales de julio, cuando la entrada masiva de personas procedentes de Marruecos alteró profundamente la vida de la ciudad autónoma.
Ceuta: una frontera española que no puede sentirse olvidada
Ceuta no es una ciudad lejana de la que solo nos acordamos cuando aparece en las noticias. Es España. Es Europa. Es el hogar de miles de familias que trabajan, crían a sus hijos, cuidan de sus mayores y quieren vivir con la tranquilidad que debería acompañar a cualquier ciudadano.
Los acontecimientos del 30 y 31 de julio, con la llegada masiva de migrantes desde Marruecos, abrieron una crisis que sigue marcando la vida de la ciudad. Muchos ceutíes han denunciado miedo, incertidumbre, cambios en sus rutinas y preocupación por la capacidad de respuesta de los servicios públicos.
Para quienes lo observamos desde la distancia, puede parecer una noticia más. Para quienes viven allí, es su calle, su barrio, el parque al que llevan a sus hijos o el paseo que sus padres han dejado de hacer con la misma tranquilidad.
La palabra *invasión* se ha utilizado para describir lo sucedido desde una parte de la sociedad ceutí, que interpreta aquella entrada masiva como una grave crisis fronteriza y una vulneración de la soberanía española. Más allá de las palabras que empleemos, lo que no debería discutirse es la obligación de las instituciones de proteger la frontera, gestionar la situación con eficacia y atender a los ciudadanos afectados.
Y es aquí donde mi crítica al Gobierno de Pedro Sánchez es más firme: considero que la respuesta no ha estado a la altura de la magnitud de la crisis ni de la necesidad de devolver cuanto antes la normalidad a Ceuta.
No basta con reconocer la gravedad de una situación. Un Gobierno tiene que demostrar que está a la altura mediante decisiones, recursos y resultados. Cuando los vecinos siguen reclamando soluciones, la obligación de los responsables públicos es escuchar, actuar y rendir cuentas.
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, también ha criticado la respuesta del Ejecutivo central y ha reclamado que se empleen todos los medios disponibles para recuperar la normalidad. Sus declaraciones reflejan una preocupación que hoy ha llegado hasta el corazón político de España.
Mujeres Caballas: mujeres que decidieron no quedarse calladas.
Detrás de la manifestación de hoy hay un movimiento ciudadano que merece ser conocido: Mujeres Caballas.
La iniciativa nació de la preocupación de mujeres ceutíes de diferentes profesiones, ámbitos e ideologías que decidieron organizarse para llevar sus reivindicaciones más allá de su ciudad. Su mensaje no se limita a denunciar una situación; busca que las administraciones adopten medidas concretas para recuperar la seguridad, reforzar la frontera y garantizar que los servicios públicos puedan responder a las necesidades de la población.
Su convocatoria ha conseguido sacar el problema de Ceuta y llevarlo a Madrid, ante el Congreso de los Diputados. Porque cuando quienes sienten que no están siendo escuchados deciden recorrer cientos de kilómetros para hacerse oír, algo importante está ocurriendo.
La movilización de este domingo ha estado abierta a hombres y mujeres, familias y ciudadanos de distintas procedencias. No era una cuestión exclusivamente femenina, sino una llamada a acompañar a una ciudad que reclama atención y respuestas.
Según la información publicada por EFE, la Delegación del Gobierno cifró la asistencia en alrededor de **30.000 personas**. Las crónicas previas también informaron de la organización de 16 autobuses desde el entorno de Algeciras para facilitar el desplazamiento de participantes, además de otros viajes y vehículos particulares. Muchos ceutíes tuvieron que cruzar el Estrecho para después continuar el trayecto por carretera.

Subí con mi bebe a ver desde la tribuna de prensa el mar de gente que vino
Detrás de cada autobús había personas que renunciaron a descansar en sus casas durante una noche para estar presentes en Madrid. Familias que hicieron un esfuerzo económico y personal porque consideraban que su presencia importaba.
Y sí, importaba.
Hoy no fui sola. Fui con mi familia y con amigos que comparten la preocupación por lo que está viviendo Ceuta.

Elegí llevar una camiseta con las palabras «Fuerza Ceuta» porque quería que mi mensaje fuera claro. No hacía falta convertirlo en un discurso complicado: quería expresar apoyo, cariño y solidaridad con quienes sienten que su ciudad necesita ser escuchada.
Para mi marido, Guillermo, esta movilización tiene además una dimensión íntima. Ceuta forma parte de su historia personal, de sus raíces y de su manera de entender el hogar. Cuando una ciudad a la que quieres atraviesa una situación así, no puedes contemplarla como si fuera un asunto ajeno.
Su vínculo con Ceuta hace que las noticias tengan otro peso. No se trata únicamente de cifras, declaraciones o enfrentamientos políticos. Se trata de personas conocidas, lugares familiares, recuerdos y la preocupación por quienes continúan allí.
Y después está nuestro hijo.
Ver a nuestro pequeño ondeando la bandera de Ceuta ha sido una de esas imágenes que una guarda con especial cariño. Es demasiado pequeño para comprender los debates políticos, las decisiones del Gobierno o la dimensión de una crisis fronteriza. Pero algún día podrá mirar estas fotografías y saber que estuvimos allí acompañando a una ciudad que forma parte de nuestra familia.
Quiero que mi hijo crezca entendiendo que querer a un lugar también significa preocuparse por sus habitantes, interesarse por lo que ocurre y estar dispuesto a mostrar solidaridad cuando lo necesita.
No creo que haya que esperar a vivir una situación en primera persona para empatizar con quienes la sufren. Y tampoco creo que la distancia geográfica deba convertirse en distancia emocional.
Lo que le pedimos al Gobierno
La manifestación no debería terminar cuando se recogen las pancartas y cada familia regresa a casa.
Mujeres Caballas ha reclamado un refuerzo de la frontera terrestre y marítima, más medios humanos y tecnológicos, una mayor implicación del Estado y de la Unión Europea, y cambios normativos que permitan gestionar las entradas irregulares y los retornos conforme a la legislación.
También ha pedido medidas extraordinarias para Ceuta y una respuesta que tenga en cuenta sus circunstancias específicas.
Son reivindicaciones que exigen un debate serio y actuaciones verificables. La protección de las fronteras debe ir acompañada del respeto a la legalidad y a los derechos fundamentales, y las decisiones públicas deben servir para restablecer la seguridad y la confianza.
Mi crítica es que los ciudadanos no deberían tener que llegar al punto de organizar una movilización de esta magnitud para sentir que sus preocupaciones reciben la atención que merecen. El Gobierno central tiene una responsabilidad especial ante una crisis que afecta a una frontera exterior de España y de la Unión Europea.
Los vecinos necesitan saber qué medidas se van a tomar, con qué recursos y en qué plazos. Necesitan respuestas concretas, no solamente declaraciones. Y necesitan recuperar algo que no debería parecer un privilegio: la tranquilidad de hacer vida normal en su propia ciudad.
Hoy he visto banderas, familias, personas mayores, jóvenes, amigos que se reencontraban y ciudadanos que habían viajado durante la noche para llegar a Madrid. He visto emoción, cansancio y la determinación de quienes querían que su mensaje llegara hasta las instituciones.
También he pensado en todos los que no pudieron venir y siguieron la manifestación desde Ceuta, pendientes de lo que ocurría en la capital.
Mi camiseta decía «Fuerza Ceuta», pero podría haber dicho también «No estáis solos».
Porque ese es el mensaje que me gustaría que recibieran quienes viven allí: que hay personas en el resto de España que conocen su preocupación, que quieren que se les escuche y que esperan una respuesta política a la altura de la situación.
No compartiremos necesariamente todas las opiniones ni todas las propuestas de quienes han participado. Una movilización ciudadana puede reunir sensibilidades diferentes. Pero reclamar que las instituciones atiendan una crisis y den explicaciones es legítimo y necesario.
Para mí, las fotografías de hoy tendrán un valor especial. En ellas aparecerán mi familia, nuestros amigos y nuestro hijo con la bandera de Ceuta, puedes ver todos los videos y fotos en mi instagram. No serán solo recuerdos de una manifestación, sino el testimonio de un día en el que decidimos estar presentes.
Me quedo con la imagen de esa bandera pequeña que ondeaba entre tantas banderas grandes. Con la camiseta que preparé para la ocasión. Con el esfuerzo de quienes viajaron desde Ceuta y con la esperanza de que su desplazamiento sirva para algo más que llenar una calle de Madrid.
Ceuta no necesita compasión. Necesita atención, seguridad, soluciones y un compromiso institucional que se traduzca en hechos.
Y hoy, desde Madrid, mi familia y yo hemos querido aportar nuestro pequeño gesto para recordarlo.
Fuerza, Ceuta.













