Hay mujeres que aparecen en una fotografía con unos vaqueros, una camisa blanca y un bolso sencillo, y aun así consiguen que queramos saber de dónde es cada cosa que llevan. Y después estamos las demás, que podemos pasar media hora delante del espejo cambiándonos de ropa para terminar diciendo que no tenemos absolutamente nada que ponernos.
¿Diva se nace o se hace? Es una pregunta que me encanta porque tiene mucho más de fondo de lo que parece.
Cuando pienso en Mar Flores, pienso en una mujer que ha convertido su imagen en parte de su identidad pública. Su estilo suele moverse entre prendas estructuradas, combinaciones sobrias, accesorios bien elegidos y una manera de presentar los looks que transmite seguridad. Pero ¿todo eso depende de tener un armario infinito o de poder recurrir siempre a los mejores profesionales?
No necesariamente.
**El estilo personal se construye, se practica y, sobre todo, se conoce.**
Una de las claves de una imagen coherente es saber qué queremos comunicar. Hay mujeres que buscan transmitir sofisticación, otras prefieren un estilo relajado y algunas disfrutan mezclando prendas clásicas con piezas llamativas. Ninguna opción es mejor por sí misma. El problema aparece cuando compramos ropa que no tiene nada que ver con nuestra vida porque nos hemos enamorado de cómo queda en otra persona.
Mar Flores puede servirnos como inspiración para observar cómo funcionan determinadas combinaciones: una chaqueta estructurada, un pantalón bien cortado, una paleta de colores coherente o un accesorio que se convierte en protagonista. Pero la inspiración no consiste en copiar cada conjunto, sino en identificar qué elementos nos gustaría adaptar.
También hay que hablar de la actitud. La forma de caminar, la postura, el cuidado de los detalles y la comodidad con la ropa influyen en cómo se percibe un look. No se trata de fingir que somos alguien distinto, sino de dejar de pedir permiso para ocupar nuestro propio espacio.
¿Y qué ocurre con las mujeres que no tenemos un estilista preparando nuestros conjuntos? Pues que podemos empezar por algo tan sencillo como conocer nuestro armario. Si sabemos qué prendas utilizamos más, qué colores combinamos con facilidad y qué zapatos podemos llevar durante horas, tendremos muchas más posibilidades de vestir bien sin complicarnos la vida.
Otra lección importante es que la imagen no debe convertirse en una fuente permanente de inseguridad. Las fotografías de las celebridades muestran momentos seleccionados, condiciones concretas de iluminación y, en ocasiones, equipos profesionales detrás de cada aparición. Comparar nuestro lunes por la mañana con una imagen cuidadosamente preparada no es una competición justa.
La elegancia cotidiana tiene sus propias reglas. Es poder vestirse para trabajar, llevar a los niños al colegio, quedar con una amiga o asistir a una cena sin sentir que necesitamos una personalidad diferente para cada ocasión.
A mí me gustan las divas, las mujeres con carácter y quienes disfrutan de la moda sin pedir disculpas por ello. Pero también me gusta recordar que una mujer puede ser extraordinariamente elegante con un conjunto sencillo, si lo lleva con naturalidad y sabe que está bien elegida.
Por eso creo que la respuesta es una mezcla de ambas cosas. Hay personas con una facilidad especial para combinar colores y prendas, pero el estilo también se aprende, se afina y cambia con los años.
No necesitamos convertirnos en Mar Flores, ni en ninguna otra mujer conocida. Podemos observarlas, inspirarnos y construir nuestra propia versión.
Porque una diva puede tener un armario maravilloso, pero la verdadera gracia está en saber quién eres cuando cierras la puerta del vestidor.
Y ahora os pregunto: ¿creéis que el estilo es algo con lo que se nace o una habilidad que se aprende con el tiempo?










