¿Y si este 31 de octubre cambiáramos los disfraces de terror por aureolas, alas de ángel y pequeñas historias de santos?
Cada otoño, las calabazas, las telarañas y los disfraces terroríficos llenan escaparates, colegios y redes sociales. Halloween se ha convertido en una de las celebraciones más populares entre los niños, pero para las familias católicas también puede ser una oportunidad para hacernos una pregunta: ¿qué queremos transmitir a nuestros hijos cuando celebramos estas fechas?
En casa, creo que las tradiciones que construimos durante la infancia tienen un valor especial. No se trata únicamente de elegir un disfraz o preparar una tarde de juegos, sino de enseñarles, desde pequeños, qué valores queremos que formen parte de sus vidas.
Y aquí es donde entra Holywins, una celebración que nos recuerda que la santidad vence.
¿Qué es Holywins y por qué cada vez más familias lo celebran?
Holywins es un juego de palabras en inglés que significa «la santidad vence». Esta iniciativa nació en París en 2002 y llegó a la diócesis de Alcalá de Henares en 2009, desde donde se impulsó en España como una propuesta para recuperar el sentido cristiano de la víspera de Todos los Santos.
Su mensaje es sencillo y luminoso: frente al protagonismo de los monstruos y el terror, podemos celebrar la vida, la esperanza, la bondad y el ejemplo de quienes dedicaron su vida a Dios.

El 1 de noviembre, la Iglesia católica celebra la solemnidad de Todos los Santos. Es una fecha para recordar a quienes vivieron su fe de manera ejemplar y para recordar que la santidad no es algo reservado a personajes lejanos de los libros de historia.
Podemos encontrarla en los pequeños gestos cotidianos: compartir, perdonar, ayudar a quien lo necesita y amar a los demás.
¿Por qué algunas familias católicas prefieren no celebrar Halloween?
Conviene hacer una distinción: Halloween no tiene el mismo significado para todas las personas. Hay quienes lo visten como una simple fiesta de disfraces y dulces, y no es asi, le estas abriendo las puertas de tu casa y la vida de tu hijo al maligno, puede paredcer inocente pero no lo es. Las familias católicas prefieren no participar en las representaciones de terror, las imágenes demoníacas o los juegos que trivializan lo relacionado con el mal.
Esta decisión nace de una cuestión de coherencia con sus creencias y con la educación que desean dar a sus hijos.

Para una familia católica, la muerte no es un motivo de celebración macabra: la fe cristiana la contempla desde la esperanza en la resurrección. Y el mal no es algo que debamos convertir en un objeto de admiración o diversión para transmitir nuestros valores.
Educar en la fe también consiste en ofrecer alternativas atractivas, alegres y llenas de significado. La santidad también puede ser divertida.
A veces pensamos que hablar de religión con los niños pequeños tiene que ser complicado. Sin embargo, a los dos años pueden empezar a descubrir valores como la generosidad, el cariño y la gratitud a través de juegos, cuentos, canciones y actividades muy sencillas.
No necesitan comprender grandes conceptos teológicos. Necesitan vivir el amor en lo cotidiano.
Podemos preparar una pequeña fiesta en casa, vestirlos de ángeles, contarles una historia adaptada sobre un santo o preparar una merienda especial. La idea no es organizar una catequesis interminable, sino crear un recuerdo bonito asociado a nuestra fe.

Porque transmitir nuestras tradiciones no consiste solamente en decirles qué no queremos celebrar. También consiste en enseñarles todo aquello que sí queremos celebrar. Este año, celebremos la luz
Me gusta pensar que las tradiciones familiares se construyen poco a poco. Una canción, una oración antes de dormir, una visita a la iglesia o una tarde de manualidades pueden convertirse en recuerdos que acompañen a nuestros hijos durante toda la vida.
Este 31 de octubre, Holywins puede ser una bonita oportunidad para que la víspera de Todos los Santos tenga un significado especial en casa.
No necesitamos una fiesta perfecta ni grandes preparativos. Solo un poco de imaginación, tiempo en familia y el deseo de enseñar a nuestros pequeños que la fe también puede vivirse con alegría.

Porque, al final, la pregunta no es únicamente de qué vamos a disfrazar a nuestros hijos, sino qué queremos que aprendan de las tradiciones que compartimos con ellos.
Menos miedo y más esperanza. Más amor, más luz y más santos. Porque Holywins: la santidad vence.











