Hay algo que nadie te explica del todo cuando te conviertes en madre: puedes seguir siendo la misma mujer y, al mismo tiempo, descubrir que muchas cosas han cambiado. Cambian tus horarios, tus prioridades, la forma en que organizas el día y hasta el tiempo que necesitas para salir de casa.
De repente, una mañana normal puede convertirse en una pequeña operación logística. Hay que preparar las cosas del niño, resolver imprevistos, encontrar lo que falta y conseguir que todo el mundo llegue a tiempo. Y en medio de ese movimiento, nuestro propio armario puede terminar ocupando el último lugar de la lista. Muchas mañanas he dejado al niño en la guardería con los pelos de loca y un moño que se sostiene por milagro.
Pero hoy quiero hacer una pequeña reivindicación: ser mamá no significa dejar de disfrutar de la mujer que eres.
No hablo de tener que maquillarnos todos los días, llevar tacones para ir al supermercado ni estar perfectamente arregladas desde primera hora. Bastante tenemos con las obligaciones reales como para añadirnos una nueva exigencia estética. Hablo de conservar el placer de elegir algo porque nos gusta, de descubrir una combinación que nos hace ilusión o de dedicarnos unos minutos sin sentir que estamos haciendo algo egoísta. Y a mi me pasaba, me sentía culpable hasta por darme un baño largo y darme tiempo para el exfoliante.
La maternidad transforma muchas cosas, pero nuestra personalidad no tiene por qué desaparecer detrás de ella.
En mi caso, la moda siempre ha formado parte de mi manera de expresarme. Me gusta observar las tendencias, descubrir prendas especiales y pensar en las combinaciones que funcionan para cada ocasión. Con la maternidad, esa relación también se encuentra con la realidad de los horarios y las necesidades de un niño pequeño.
Y ahí es donde el armario práctico cobra importancia. Unos vaqueros cómodos, una camisa que podamos combinar de diferentes maneras, un blazer, un jersey agradable y unos zapatos que nos permitan caminar sin estar pendientes de cada paso pueden convertirse en grandes aliados. No hace falta renunciar al estilo para vestir de manera funcional.
Los vestidos también tienen su lugar. Una sola prenda puede resolver un conjunto entero, y cambiar los zapatos o los complementos puede darle una apariencia completamente diferente. Lo mismo sucede con los conjuntos coordinados, que permiten vestirnos con rapidez sin perder la sensación de que hemos pensado lo que llevamos.
Pero hay algo todavía más importante: dejar de comparar nuestra vida cotidiana con las imágenes cuidadosamente seleccionadas que vemos en redes sociales. Yo ya tengo claro que no voy a compararme con otras mamas, y menos en Madrid, que recoger al niño parece una pasarela de moda.
Una fotografía de una madre impecablemente vestida no nos cuenta toda la historia de ese día. No sabemos cuánto tiempo tuvo para prepararse, quién la ayudó o qué ocurrió antes y después de la imagen. Y tampoco necesitamos saberlo. Cada familia organiza su vida de una manera distinta.
Creo que las mujeres necesitamos más conversaciones sobre cómo encontrar nuestro propio equilibrio y menos mensajes que nos hagan sentir que siempre deberíamos estar haciendo algo más. Podemos disfrutar de la maternidad y seguir teniendo intereses propios. Podemos pasar una tarde jugando con nuestros hijos y reservar otro momento para leer, arreglarnos, trabajar o quedar con una amiga.
También me gusta pensar que nuestros hijos pueden vernos disfrutar de las cosas que nos apasionan. Que pueden aprender que cuidar de los demás y cuidarnos a nosotras mismas no son ideas enfrentadas. Que una madre es muchas cosas a la vez: una persona con responsabilidades, sueños, gustos, recuerdos y proyectos.
Así que mi propuesta es sencilla. Esta semana, buscad una combinación que os encante y que encaje con vuestra vida real. Dejadla preparada si eso os facilita la mañana. Elegid un accesorio que os haga ilusión. O, simplemente, dedicaos unos minutos a revisar el armario y redescubrir algo que ya teníais.
No es una obligación ni una fórmula mágica. Es una invitación a recuperar un pequeño placer.
Porque antes de ser madres ya éramos mujeres, y después de serlo seguimos teniendo derecho a disfrutar de aquello que nos hace sentir nosotras mismas.
Ahora os pregunto a vosotras, mamás: ¿Qué pequeño ritual os ayuda a reconectar con vuestra identidad más allá de la maternidad?
Lo mio en estos tiempos es reconectar con mi piel y con mis 4 pasos básicos de limpieza facial, hidratación y corregir arrugas!













